viernes, 10 de septiembre de 2010

OPEP: BODAS DE PLATA DEL CLUB PRIVADO DEL PETROLEO




En abril de 1959 se celebró en El Cairo (Egipto) el Primer Congreso Árabe de Petróleo. Allí se reunieron las delegaciones de Irán, Kuwait, Arabia Saudí... y Venezuela. El país latinoamericano se coló en una cita que aparentemente le era ajena gracias a la determinación del Ministro de Minas e Hidrocarburos, Juan Pablo Pérez Alfonzo, cuya visión le hizo entender que ese encuentro iba a resultar clave. Y acertó.

En la capital egipcia se sentaron las bases para convocar otra reunión. Esta vez, a esas cuatro naciones se les sumó Irak, que actuó de anfitrión. Todas ellas, en un cónclave celebrado en Bagdag entre el 10 y el 14 de septiembre de 1960, sellaron un acuerdo histórico. En su gestación resultó clave, precisamente, la figura de Pérez Alfonzo. Hasta tal punto, que en adelante sería conocido como el padre de la OPEP, porque fue en esa cita cuando nació la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).

Cincuenta años después, el cártel del crudo lucha por mantener su influencia. Sus 12 socios actuales bombean 33,8 de cada 100 barriles que llegan cada jornada al mercado, una proporción alejada de la que alcanzaba el grupo en los años 70, cuando concentraba el 50 por ciento del total, pero que le mantiene como el mayor bloque petrolero del mundo. Pero no es esta condición la que revela su verdadera fortaleza energética. Ésta reside, fundamentalmente, en que la OPEP atesora el 79,6 por ciento de las reservas globales probadas.
Todo cambia en 1973

Éste es el principal as que retiene en la manga una Organización que surgió en 1960 para romper el orden imperante hasta ese momento. Convencidos de que la unión hace la fuerza, los países productores se plantaron. Resolvieron que ya bastaba de tener que negociar los precios con las compañías petroleras y entendieron que el verdadero poder ?en definitiva, el crudo? estaba no en su mano, sino en su suelo.

Este planteamiento, sorprendente al principio, confirmó su importancia en los años 70. "El hecho definitivo fue la guerra entre Israel y Egipto en octubre de 1973", concluye Enrique Parra en su libro Petróleo y gas natural: industria, mercados y precios. La OPEP, que para entonces ya había establecido su sede en Viena, se involucró con la imposición de un embargo de petróleo a EEUU y otros países occidentales. "De la noche a la mañana, los países industrializados descubrieron cuán dependientes eran sus economías de las importaciones de petróleo provenientes del mundo árabe", agrega Parra.

Ya nada sería igual desde entonces. La OPEP, consciente de su poder y de la inelasticidad inherente a la demanda de crudo, trató de sacar provecho a su hegemonía, una realidad que incrementó la trascendecencia global de sus reuniones periódicas. La tentación estaba servida. Bastaba con manejar el suministro de crudo para impulsar sobre los precios. Junto a esta evidencia emergió otra de las constantes del cártel: el papel protagonista y estabilizador de Arabia Saudí. Por un lado, su voz ha sido la más importante dentro de la Organización. Y por otro, ha balanceado su producción con el fin de evitar tanto precios demasiado bajos como demasiado altos.
Retos futuros

Este doble juego de intereses se mantiene en la actualidad. Mientras que un bando del cártel, encabezado por Irán y Venezuela, es partidario de unos precios altos, la delegación saudí aboga por una mayor estabilidad. En este sentido, el hecho de que Arabia Saudí sea el mayor productor de la OPEP y de que posea el 25 por ciento de las reservas del cártel refuerzan su influencia dentro de este club, aunque la lucha de poderes en el seno de la Organización será uno de sus desafíos futuros. En este sentido, también será clave que la OPEP imponga una mayor disciplina en la política de cuotas de producción que mantiene desde 1982, puesto que son más los que las incumplen que los que las respetan.

Buena parte del equilibrio interno dependerá de los objetivos de precios que se fije y acepte. En líneas generales, los socios del cártel se sienten cómodos con una cotización del crudo próxima a los 80 dólares, es decir, en torno a los niveles actuales. Ahora bien, en el futuro, cuando la recuperación se asiente, habrá que ver qué estrategia adopta la OPEP. Sobre todo, si se cumplen las expectativas que sitúan al crudo por encima de los 100 dólares de forma constante durante las próximas décadas, unos niveles que se pueden sostener por la creciente presión de la demanda. En este sentido, los pronósticos anticipan que los 85,5 mb/d que se van a consumir de media en 2010 crezcan hasta los 105,5 mb/d en 2030. La respuesta productora que proporcione la OPEP a este incremento será un factor crucial en la evolución de los precios.

Otro desafío residirá en sus relaciones con las grandes potencias petroleras que no forman parte del cártel: Rusia, EEUU y China. En particular, será relevante la relación que establezca con el gigante asiático, que según los propios pronósticos de la OPEP será el mayor demandante de crudo en 2030. "El rol de la OPEP seguirá siendo importante durante muchos años, aunque sólo en los momentos de crisis geopolíticas más agudas recuperará su papel estelar", valora Juan Ignacio Crespo, director de Thomson Reuters.

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